Joyería Victoriana

 

La gran era victoriana, periodo que se comprende desde el ascenso al trono de la Reina Victoria en 1837 hasta su fallecimiento en 1901, bien se sabe que fue una época avances tecnológicos, sociales y culturales que se gestionaron dentro de su mandato. Uno de ellos, dentro del movimiento artístico y cultural, fue el resurgimiento de la orfebrería, el noble arte de labrar objetos (independientemente si son adornos o utensilios) de metales preciosos o sus respectivas aleaciones, dentro de los cuales el oro y la plata son sus principales protagonistas.

 

Podían verse a los grandes diseñadores en sus talleres en la producción de piezas de joyería y accesorios con una combinación nueva de materiales, esmaltes y piedras preciosas, tales como bastones con empuñaduras labradas en oro o plata, abanicos, marcos que adornan elegantemente el hogar victoriano, entre otros elementos. 

 

 

De igual forma aparece un nuevo elemento en la joyería y la bisutería de la época: el aderezo, el cual consiste en un conjunto de piezas de joyería conformado por collar, pendientes, broche, pulseras e inclusive tiaras y anillos. En pocas palabras un juego de joyería conformado de los mismos materiales, piedras preciosas, esmalte o grabados.

 

 

"De la mano del espíritu tecnológico viene la reducción de costos, dando como resultado que la nobleza y los comerciantes más ricos ya no fueran las únicas personas que se podían permitir una selección de joyería para acentuar su guardarropa".

 

No es de extrañar que las primeras características con las cuales se les asocia a la joyería victoriana sean las de elegante y romántica, pues a pesar de ser una época de grandes cambios, la época victoriana fue la antesala a los dramáticos cambios que el siglo XX traería consigo, por lo que ciertos estilos de dicha orfebrería sería característicos haciendo alusión a las piezas clásicas de joyería victoriana.

 

Un claro ejemplo son los camafeos, relieve característico y derivado de una piedra preciosa, dentro de las cuales las más comunes fue la piedra ágata, sardónica y ónix. Vistos con frecuencia como complemento a la vestimenta femenina, un clásico para los coleccionistas.

 

En pocas palabras, la joyería victoriana se la puede ver como piezas de lo más elegantes y ornamentales, desde el trabajo con el cobre, bronce, oro, plata o coral hasta el trabajo con incrustaciones de piedras preciosas como los diamantes, esmeraldas, zafiros, entre otras piedras preciosas.

 

"La extravagancia de la joyería victoriana es lo que hace que se destaque de una manera muy precisa. Para el ojo moderno, este tipo de joyería antigua tiene una apariencia decididamente  de la vieja usanza, que para muchos amantes de la joyería, es la esencia de su encanto".

Redacción: Carmen Mata

 

Fuentes:

- Fuentes, J. (2013) Breve historia de la joyería

- Gatto, F. (2012) La joyería de la época victoriana

- Glade, A. (2012) Orfebrería de la época victoriana

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