El grito de la moda

“Aunque en todos los tiempos haya reinado la moda, en el presente está sobre muy distinto pie su imperio: antiguamente mandaba el gusto en la moda; y hoy manda la moda en el gusto”.

 

(1806)

 

La moda, presente prácticamente desde el principio de los tiempos, parte de la cultura y colectivo de cada sociedad, se hace notar dentro de su propia cultura, usos y costumbres que forjan la identidad de sus habitantes pertenecientes a cierto género, personalidad, carácter, clase social, grupo étnico, profesión, etc. La moda es más que una vestimenta, ésta a su vez revela las preferencias en el estilo de vida de las personas, así también como su forma de pensar y ver lo que le rodea como parte del colectivo popular, enriqueciendo en gran medida su contenido histórico.

 

 “… la moda constituye un articulador social que integra diferentes dimensiones de la conducta y de los desempeños colectivos. Su observación, entonces, no puede desatender la materialidad de las cosas, el curso de las acciones y los discursos que despliegan sus sentidos. Y esta triple inclusión, para ser tratada, debe contemplar múltiples dimensiones: la muerte, el miedo, las jerarquías – heredadas o adquiridas-, el clima, las técnicas industriales, las creencias religiosas, la economía, los estilos de época, por mencionar sólo algunas”.

(Saulquin, 2010)

 

De este modo, en lo que a la invasión napoleónica en España y Guerra de Independencia de la Nueva España respecta, por supuesto que las críticas y posturas hacia la vestimenta de la época no se hicieron esperar, donde el clasismo se encontraba a la orden del día, en conjunto con la fuerte moral religiosa y las tendencias políticas.

 

Rendición ante el emperador. Óleo de Carle Vernet

 

Retablo de la Independencia. Juan O'Gorman

 

La moda francesa es quien a la fecha influye sobremanera dentro de los cánones estéticos a nivel global, por lo que hablar de moda requiere forzosamente hablar o hacer referencia a la moda francesa debido a su gran contenido histórico. Es así que en las últimas décadas de la Francia del siglo XVIII, surgió la moda neoclásica, cobrando mayor relevancia durante el estallido de su Revolución en 1789. Estallido que provocó en los revolucionarios la adopción de trajes de inspiración grecorromana con el propósito de marcar cierta diferencia con el estilo rococó impuesto por las altas esferas de la aristocracia y la nobleza, de la cual la reina María Antonieta fue su principal ícono.

 

María Antonieta.  Élisabeth Vigée Le Brun (1783). 

 

De las prendas más novedosas que existieron para las mujeres fue lo que se le conoce como “la robe en chemise”, prenda que en el mundo de habla hispana fue denominado como “vestido imperio”, llevando su ajuste en la parte inferior del busto y que engloba lo que fue la llamada “moda napoleónica”. En cuanto a los varones, la prenda popular fue el pantalón. En pocas palabras, la belleza en lo clásico fue lo “in” de la época.

 

Napoleón y Josefina Bonaparte.

 

Moda napoleónica.

 

“De allí que la moda como imitación de un modelo existente, ofrece la seguridad de la aprobación social“.

(Veneziani, 2007)

 

Por lo tanto, dichas costumbres y cultura llegaron a su vecina España, quien las adopta llevándolas consigo hacia la Nueva España. 

 

Casacas de corte militar, pantalón largo y bombín de ala ancha para los hombres. Para las mujeres, telas suaves, talle alto y mangas abultadas, El cabello se llevaba recogido o peinado con rizos, para así ser el objeto de miradas por parte de pretendientes potenciales. Escotes, pañuelos de encaje, sedas, chalinas, terciopelos, metales, incrustaciones de piedras preciosas y más.

 

Una competencia constante por la opulencia, casi infantil, sobre quien iba al último grito de la moda. Si una de las damas usaba dos collares, la otra usaba el doble y así sucesivamente. Guillermo León, renombrado diseñador e historiador de moda, lo confirma: “No en balde llevaban en la cintura dos relojes, uno que marcaba la hora de España y el otro el tiempo de la Nueva España”. 

 

La familia de Carlos IV. Francisco de Goya (1800)

 

“… la vestimenta pone en evidencia la propia situación económica, y ello se realiza no ya en función de la protección de la persona, sino más bien en el hecho de poner de manifiesto y lograr una apariencia en función de los demás“.

(Veneziani, 2007)

 

Además de que la moda era impuesta por la aristocracia, también sus gobernantes formaban un papel importante. Por ejemplo, al arribar a lo que en la actualidad son tierras mexicanas, el Virrey Francisco Xavier Venegas fue ejemplo claro del uso del cabello corto y patillas en los hombres.

  

Virrey Iturrigaray (derecha) y familia.

 

Virrey Francisco Xavier Venegas

 

 

Con la llegada de la guerra, palabras como tendencia y elegancia fueron dejadas de lado y aun así, diferencias abismales entre las clases sociales. Ya nadie estaba a salvo, la población exigía a gritos de muerte un cambio, un cambio que costó incontables vidas.

 

Fue una época en donde la moda se planteaba no solamente como un “modo” de vestir, sino también de hablar. Así lo refirió el escritor Joaquín Fernández de Lizardi, en el periódico El Pensador Mexicano (1813), “cabe precisar que en el mundo occidental– y sobre todas las personas, sin importar edad o condición social, una lucha generacional a través de las modas donde los viejos critican las novedades y los jóvenes las defienden”, donde a su vez los viejos vivían aferrados a otras modas que en su momento también fueron novedades.  

Artículo escrito por: Carmen Mata

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