Joyería Fabergé, centenaria casa joyera de visita en México

el museo soumaya abre sus puertas a peter carl fabergé, gran maestro de la orfebrería del siglo xix.

Desde el diseño vanguardista, hasta la reminiscencia en la obra escultórica de Rodin con sus estructuras asimétricas aunado a líneas suaves, este museo alberga siglos y siglos de historia. Del Greco a Picasso, de Gentileschi a Monet, de Claudel a Dalí, albergando más de 60 mil obras distribuidas en su interior, de gran valor histórico y estético.

 

Toda una serie de mobiliario, metales, textiles, medallas, llaves, herrajes, cucharas, objetos religiosos, tanto de oro como de plata y joyería. Es precisamente en el último apartado que se le da mayor relevancia, puesto que a través de los siglos, la joyería ha representado un papel fundamental y crítico como uno de los medios de expresión ante la raza humana.

 

La joyería en la historia de la humanidad ha servido siempre como materia prima en cuanto a la confección de objetos y adorno personal se refiere, dejando huella en muchos procesos a lo largo del tiempo como una manera de respeto hacia la tradición y cotidianidad de la sociedad.

 

Ya sea necesidad de lujo, lo cierto es que la joyería será siempre vista como un elemento de belleza para quien la porte, así también como un gran elemento de utilidad y diseño, mezclando lo funcional con lo artístico.


la historia detrás de la marca

La figura del joyero ruso siempre ha dado de qué hablar, reconocido como uno de los orfebres más prominentes de la historia y por supuesto de su país, la gran madre Rusia. Desde la época de Catalina la Grande, la mítica y legendaria dinastía Romanov, se ha logrado transmitir la historia de una nación empobrecida con la riqueza de sus zares de forma violenta.

 

En el lado opuesto de las clases sociales más bajas, el mundo de la alta aristocracia y de la nobleza no se medía en cuanto a excesos y superficialidad. Es en este mismo entorno en donde nace la tradición de los huevos de pascua, objeto distintivo de su creador.

Fabergé en su estudio de trabajo.


íconos de la rusia zarista

La idea nació como encargo por parte del zar Alejandro III al joyero, con propósito de regalarlo a su esposa, la zarina María Fýodorovna, con motivo de las celebraciones de pascua de 1883, Gustó tanto a la emperatriz, que desde ese momento nació toda una tradición que perduró hasta los tiempos de la revolución de 1917.

 

Para el diseño de los huevos imperiales se tomó como inspiración distintos estilos artísticos europeos, tales como el barroco, rococó, neoclasicismo o modernismo, así como en obras de arte que contempló durante sus viajes por Europa.

 

Al momento de llevarlos a producción, éstos también recibían incrustaciones de gemas preciosas y semipreciosas (lapislázuli, jade, jaspe, malaquita, etc.). El Guilloché era otra técnica empleada por Fabergé, el cual consistía en el tratamiento de un grabado superficial sobre el metal a trabajar, haciendo ondas o cualquier tipo de dibujo en modo repetitivo y simétrico. Podía ser hecho ya sea a mano o bien, a máquina.

 


sinónimo de opulencia

El águila del zar

Pieza conmemorativa del 150 aniversario de la casa joyera Fabergé en su edición limitada de 1500 piezas.

 

Mundialmente reconocidos por la calidad y trabajo que implican, específicamente para esta pieza se empleó la técnica del Guilloché, anteriormente mencionada. Bañado con esmalte, plata bañada con oro, zafiros, esmeraldas, rubíes y su interior forrado de terciopelo.

Artículo escrito por: Carmen Mata

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