Los brazaletes, la historia que no conocías

Existen diferentes connotaciones asociadas a este tipo de piezas de joyería, pues con el paso del tiempo han formado parte de un gran número de culturas, junto con sus costumbres y tradiciones. Desde marcar una posición social hasta un regalo que pasará de generación en generación. Por ejemplo, es en el caso de la zona del Caribe en donde se acostumbra regalarlo a los padres de un recién nacido, quien lo lleva desde que nace hasta que llega el momento de pasarlo a su descendencia.

 

El material más apreciado es el oro, sin embargo, también se reciben brazaletes elaborados a base de plata y cobre.

Como bien se mencionaba, es una pieza de lo más deseada en el ámbito joyero, pues además de cumplir la función del adorno corporal, es también un símbolo de la posición social de quien lo porta. Entre mayor sea el número de piezas de oro o de ornamentaciones que posea un brazalete, mayor es la posición social.

 

Históricamente conocidos como manillas, las podemos ver adornando las muñecas de las mujeres de las Indias Occidentales.

Otras de sus variantes, es el conocido brazalete en forma de herradura o "bangle", comúnmente decorados con esferas en cada extremo. En sus inicios, elaborados principalmente de cobre (oro rojo de África), en la actualidad, los hay de diversos materiales (plata, oro, cobre, plástico, madera, acrílico, etc.). 

 

En su momento, fueron parte importante en la economía del África Occidental, siendo su forma de moneda, con un alcance sin precedentes al ser empleada de la misma forma durante el comercio y tráfico de esclavos (principal objetivo) hacia el Nuevo Mundo, mejor conocido como "el dinero del comercio de esclavos".

 

América era el continente de las nuevas oportunidades comerciales, políticas, sociales y económicas del poderío europeo. Pero con la llegada de las rebeliones y luchas independentistas, por supuesto que el comercio de esclavos iba en decadencia hasta desvanecerse, dando pie a la prohibición de las manillas para su uso comercial, siendo confiscadas, recogidas o vendidas como chatarra a personas que posteriormente las harían derretir y transformarlas en productos con distinta funcionalidad.

 

 


Latentes siguen sus antecedentes, presentes en su renovación que el ser humano contemporáneo le ha brindado, aunque siempre fieles al propósito original de estatus y riqueza. Es esa dualidad que la historia y el ser humano se han empeñado en mostrar con el paso de los siglos, desde una pieza que honra su cultura e historia hasta una pieza que ha servido recordatorio de una de las tantas facetas oscuras de la historia donde las personas eran valoradas en base a una pieza de metal.

 

Artículo escrito por: Carmen Mata

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